post image
Noticias - 05-01-26

El Paraguay se ha consolidado en las últimas décadas como uno de los principales referentes del mundo en la adopción del sistema de siembra directa, que es una técnica que transformó la competitividad de la agricultura nacional y se constituyó en el eje central de la sostenibilidad. En un país donde la agricultura representa el motor principal de la economía, su adopción y esencia se ha convertido en la filosofía de los productores.

¿Pero qué es la siembra directa? A diferencia de la agricultura convencional que utiliza la herramienta conocida como el arado y se practica abriendo surcos en el suelo desnudo para depositar allí la semilla, la siembra directa consiste en cultivar la tierra sin remover el suelo, insertando la semilla con nuevos implementos o herramientas que permiten mantener la cobertura de rastrojos o paja muerta en forma permanente, con los residuos de cosechas anteriores.

Esta práctica es fundamental para la sustentabilidad hídrica y edáfica. En el clima subtropical de Paraguay, con la ocurrencia de lluvias intensas y las altas temperaturas reinantes, el rastrojo o cobertura vegetal muerta actúa como un escudo protector del suelo que reduce drásticamente la erosión hídrica, permitiendo que el agua se infiltre en el perfil del suelo en lugar de escurrirse y así protege la capa fértil del suelo.

Además, la siembra directa es una herramienta poderosa en la lucha contra el cambio climático. Al evitar el arado del suelo, se reduce la oxidación de la materia orgánica y el suelo funciona como un sumidero de carbono, capturando CO2 de la atmósfera. Según datos de la academia y de los gremios de la producción, este sistema permite conservar la biodiversidad microbiológica del suelo, lo que a largo plazo reduce la necesidad de fertilizantes químicos.

Desde la perspectiva de las buenas prácticas agrícolas, la siembra directa ofrece beneficios tangibles para el productor porque favorece la eficiencia de recursos: Al reducir las pasadas de maquinaria, se optimiza el uso de combustibles y se disminuye la compactación del suelo.

Además, propicia la resiliencia climática de los cultivos, porque los suelos bajo siembra directa conservan mejor la humedad, lo que permite a los cultivos soportar mejor los periodos de estrés hídrico o "veranillos", comunes en la región.

Pero la siembra directa exige una rotación planificada de cultivos; por ejemplo: soja, maíz, trigo, abonos verdes, para romper los ciclos de plagas y enfermedades de forma natural al alternar especies agrícolas de diferentes familias botánicas.

Desde Cappro señalamos que el éxito de la agroindustria aceitera está íntimamente ligado a la estabilidad de la producción primaria de la soja y las oleaginosas, por eso un suelo sano, gestionado implementando la siembra directa, garantiza la oferta constante de materia prima para que las plantas industriales operen a niveles óptimos.

La siembra directa en Paraguay es mucho más que una técnica de cultivo; es el cimiento de la soberanía productiva. Su adopción masiva garantiza que el país siga produciendo alimentos para el mundo de manera eficiente, protegiendo los recursos naturales para las generaciones futuras y consolidando un modelo donde la productividad y la conservación ambiental caminan de la mano.


Fuente: CAPPRO, https://cappro.org.py

Footer image