Agroindustria paraguaya en cifras
Las cifras de los últimos años en la agroindustria muestran cómo una actividad que parte de la producción agrícola fue ampliando su capacidad para transformar materias primas dentro del país y conectarlas con mercados internacionales.
En 20 años, el sector acumuló más de US$ 1.000 millones en inversiones, una magnitud que refleja la consolidación de una infraestructura industrial orientada al procesamiento de la producción nacional. Ese proceso se tradujo en un fuerte aumento de la capacidad instalada: pasó de 1,5 millones de toneladas anuales en 2006 a 4,8 millones de toneladas en 2026.
El crecimiento de la capacidad industrial permite procesar una mayor proporción de la producción y generar una oferta más amplia de productos con valor agregado. Detrás de ese proceso no se encuentra solamente la planta industrial: la transformación conecta a productores con el mundo, permitiendo que productos paraguayos lleguen a más de 40 mercados alrededor del mundo sin depender de ninguno en particular.
Más capacidad, más procesamiento
Durante 2025, la agroindustria procesó 3.409.463 toneladas de oleaginosas. En los primeros siete meses de 2025 se habían procesado 2.019.380 toneladas, mientras que en el mismo período de 2026 el volumen llegó a 2.266.398 toneladas, lo que representa un crecimiento del 12%, según las cifras del sector. (Fuente: Boletín de CAPPRO)
El dato adquiere especial relevancia cuando se observa la evolución de la capacidad instalada. En dos décadas, esta pasó de 1,5 millones a 4,8 millones de toneladas anuales, más del triple de la capacidad existente en 2006.
Más procesamiento significa, además, ampliar las posibilidades de utilización de una misma materia prima. En el caso de la soja, su transformación permite obtener harina, aceite y cascarilla, productos que pueden abastecer tanto a mercados externos como a otras cadenas productivas dentro del país.
La harina de soja, por ejemplo, constituye un insumo clave para la elaboración de alimentos balanceados destinados a las cadenas avícola, porcina, ganadera, láctea y acuícola. De esta manera, el valor de la soja continúa generándose después de la planta procesadora, incorporándose a la producción de carne, huevos, leche y otros alimentos.
Exportaciones que reflejan el peso del complejo soja
El desempeño exportador es otro de los principales indicadores del sector. Durante todo 2025, el complejo soja generó US$ 3.577 millones en divisas. Entre enero y julio de 2026, ya ingresaron US$ 3.519 millones, equivalentes al 98% de todo lo generado durante los 12 meses de 2025 y 46% del total de las exportaciones del país. (Boletines de CAPPRO)
Esto significa que, en apenas siete meses, el sector prácticamente alcanzó en 2026 el nivel de divisas generado durante todo el 2025, mostrando el peso que mantiene la cadena de la soja dentro del comercio exterior paraguayo.
Dentro de ese complejo, los productos industriales de la soja —aceite, harina y cascarilla— también presentan un comportamiento relevante. En 2025 generaron más de US$ 1.222 millones, mientras que de enero a julio de 2026 alcanzaron US$ 871 millones, el equivalente al 71% de las divisas generadas durante todo 2025.
Estas cifras permiten dimensionar el aporte de la industrialización: no se trata únicamente de exportar la materia prima, sino de colocar en mercados internacionales productos obtenidos a partir de su transformación.
Una producción que llega a cuatro continentes
La dimensión internacional de la agroindustria paraguaya también se refleja en la cantidad de mercados alcanzados. Durante 2025, los productos de la soja llegaron a 44 países en los cuatro continentes.
La oferta exportadora incluye aproximadamente 2,1 millones de toneladas de harina de soja, unas 620 mil toneladas de aceite y un poco más de 41 mil toneladas de cascarilla de soja al año (COMEX Py 2025).
Detrás de estos volúmenes existe una extensa red logística que comprende transporte terrestre, almacenamiento, servicios portuarios y navegación fluvial.
Un impacto que supera los límites de la industria
Uno de los aspectos más relevantes de la agroindustria es que su impacto no se concentra exclusivamente en las empresas procesadoras. La actividad genera demanda de mantenimiento, transporte, energía, ingeniería, análisis de calidad y capacitación, además de facilitar la relación entre los productores y los principales mercados de alimentos y energía del mundo.
Ese entramado también explica su capacidad para dinamizar las economías del interior del país. Alrededor de cada operación industrial se desarrolla una red de proveedores, contratistas, comercios y servicios profesionales que acompaña el crecimiento de la producción.
Diez mil familias vinculadas a la actividad
La dimensión social del sector también puede expresarse en términos de empleo. La agroindustria genera 10.000 empleos directos e indirectos.
El dato permite observar que la actividad industrial asociada a la producción agrícola tiene una incidencia que va más allá de los puestos de trabajo dentro de las plantas. Su cadena demanda servicios, transporte, mantenimiento, logística, provisión de insumos y distintas capacidades profesionales y técnicas.
Por eso, el crecimiento de la agroindustria puede entenderse como un proceso de integración entre producción primaria, industria y servicios. La mayor capacidad de transformación amplía las alternativas de comercialización para el productor y, al mismo tiempo, fortalece las condiciones para que la producción agrícola y la industria continúen creciendo de manera articulada.
Fuente: CAPPRO, https://cappro.org.py